Hace unos años, cuando recorría Chile de Santiago a Punta Arenas y de Punta Arenas a Iquique, empecé a guardar pequeños recuerdos de senderos y nombres de lugares para visitar en el futuro. Estando en el Parque Inglés (Parque Siete Tazas en Molina, Curicó) me maravillé con el nombre El Colmillo del Diablo.
Sin saber mucho de qué se trataba, un par de años después, subimos con unos amigos (Castor, Canabilis, yo) en una de las experiencias más increíbles y precarias que hemos tenido. Si bien pretendo recordar ese viaje en particular en otra entrada de este blog, esa experiencia me hizo entender que mientras más visitaba lugares, más lugares aparecían.



Estando en El Colmillo del Diablo (que es una formación rocosa en el Bolsón, Valle del Indio, alrededor de 10 kilómetros desde la entrada hacia las montañas) nos enteramos de la gran mayoría de rutas que te llevaban más lejos, algunas incluso a Argentina por pasos en la cordillera. Al año siguiente, retornamos con otros amigos (Conejo, Canabilis, Balú, yo) para seguir subiendo y llegar a la Laguna de las Ánimas.


Hablando con otros senderistas, preguntando a los guardaparques, y buscando en internet cuando bajamos de vuelta, descubrimos el siguiente objetivo: Circuito de Cóndores.
El Circuito del Cóndor es una ruta de senderismo en Chile que atraviesa la Reserva Nacional Altos de Lircay, desde Vilches hasta Siete Tazas. Con una duración de alrededor de 4 días a 6 días, cubre una distancia cerca de 60 km y atraviesa diversos paisajes, incluyendo bosques, formaciones geológicas y termas, con una exigencia física considerable. La ruta es especialmente recomendada entre noviembre y abril debido a las condiciones climáticas favorables
Resumen sacado de Wikiexplora
Con este objetivo en mente, las carentes experiencias previas nos ayudaron a preparar un viaje más ligero en cuanto a equipo, más contundente en cuanto a comida, y más planificado en cuanto a la ruta que íbamos a seguir. Si bien todo salió relativamente bien, esta ruta no estuvo exenta de problemas y falta de planificación. Tanto, que al año siguiente la hicimos de nuevo, pero en su versión un poco más larga.
Día 1 – 8 de febrero, 2018
Partimos (Conejo, Javier, yo) a las 9 en Santiago con dirección a Talca. Desde Talca tomamos un bus a Vilches Alto. La verdad es que partimos demasiado tarde, sobre todo porque en Talca pasamos a comprar las últimas cosas que necesitábamos, como un Whisky y un paquete de nueces. Horribles compras, pero nos salvaron la vida. O quizás no. Esto lo cuento más adelante.
Creo que Talca no nos gustó mucho porque estábamos ansiosos de llegar al parque. Como íbamos muy tarde, sabíamos que en el parque no nos iban a dejar entrar o no nos iban a dejar caminar mucho. En el bus a Vilches Alto, una pareja local nos ofreció quedarnos en su patio para partir el día siguiente lo más temprano posible. La vista de su patio era espectacular. Creo que andaba con un lente gran angular y una cámara mirrorless Sony que tenía en ese entonces. Tenía ganas de hacer time blends, y salieron un par bastante decente.


Revisando mis notas, recuerdo (en verdad no me acuerdo) que había un perro que se llamaba Ringo e iba a jugar con nosotros al sitio. La gente que nos alojó nos dio sabios consejos: quédense en la huella, tomen agua, no mueran. Fácil.
En la noche antes del gran día, aprendí a jugar truco. Mentira. No sé jugar truco.

Día 2 – 9 de febrero, 2018
Despertamos a las 6 para salir al parque. Por un lado, fue mejor descansar un día para hacer las cosas con calma. Lo que entendí después es que cada día de descanso, es un día de comida que se gasta y que no se recupera. En otras palabras, en estos días 0 (de 0 kilómetros, o de no avanzar) uno necesita comer, pero no se mueve. Más de este tema después. Luego de un desayuno digno de los Detectives Salvajes, partimos a caminar al parque Altos de Lircay.
Las mochilas estaban pesadas, pero el espíritu fuerte. Con el tiempo he aprendido a cada vez llevar menos cosas para tener una caminata ligera. Al final, mientras uno tenga comida, ropa y refugio, todo debería estar bien. El problema de ir cargado es que luego de días, el peso de la mochila te empieza a herir las caderas y los hombros. Por otro lado, mientras más días pasan y más comida se consume, las mochilas se hacen livianas. Lo que jamás se hace liviano es la ropa extra, la basura que se lleva, el poncho que no sirve de nada (#teamantiponcho).
En ese momento, lo único que pensaba era en estar fumando en las termas, tomando whisky y sacándole fotos al volcán.
Al final día (21:43), tenía frío en las manos y tenía las piernas exhaustas. Al mediodía habíamos partido al Enladrillado desde el punto 1, camping Antawara. Luego de 8 horas ida y vuelta, nos pusimos a prueba. Al parecer sí estábamos listos. Lo mejor de la ruta fue fumar Speedy González, nuestra versión de Golden Acapulco. Mis pies flotaban, pero mi cabeza estaba en los árboles y en el camino, como si fuese un autómata cumpliendo una tarea. La ruta no es fácil, y con mochilas se sentirá aún más pesada. Al subir al enladrilladolo hicimos sin peso, ya que dejamos todo en el punto 1 (el punto 6 no estaba habilitado, y ahora que fui el 2024, tampoco lo estaba).

Nos tomó cerca de 5 horas llegar al enladrillado, una formación rocosa con baldosas que pudieron haber formado parte de altares de civilizaciones pasadas, pre coloniales. Al menos eso quiero creer. Otra gente dice que son pistas de aterrizaje de extraterrestres. No gracias. De vuelta nos fuimos thinking differently.
Nota: Bueno, esta nota la hice mis notas de ese día y los copiaré de nuevo. Mientras más repito algo, me cuesta menos olvidarlo. Hay que probar siempre los mapas GPS para que funcionen offline. Llevar Peak Lens con mapas descargador y ver los nombres de las montañas, volcanes y cerros. Agua es esencial.
Día 3 – 10 de febrero, 2018
De vuelta en el punto 1. Si bien el Circuito del Cóndorperfectamente se puede hacer en 4 días, con nuestros descansos y visitas al enladrillado, es inevitable que un viaje así se haga más largo. ¿Recuerdan lo que escribí antes acerca de extender los días sin llevar la comida suficiente? OK. Todavía no hablaré de eso.
Entre platos de tallarines y pies helados, nos preparábamos para salir. Por más temprano que uno quiera salir, siempre se usa tiempo para comer y para guardar las cosas. No olvidar.
Empezamos a caminar a las 9 am más o menos, y llegamos a las 9 pm. Desde el punto 1 (camping Antawara) hasta el punto 6 (camping Carpinteros), no tuvimos problemas. Desde el punto 6, las cosas se complicaron un poco. La huella que pasaba por la Vega los Treiles, el valle rocoso, y hasta el mirador del Valle del Venado, no era muy clara. A ratos teníamos que devolvernos, mirar el GPS. Lo complicado del camino solo hizo que cuando llegáramos al mirador, este se sintiera sacado de una película. Desde una plataforma de madera, la vista al Valle del Venado y el cordón montañoso se imponían como un majestuoso paisaje, que también nos advertía del arriesgado camino que se nos venía. Era temprano, pero quedaba mucho por recorrer.


Luego de un descenso de 2 horas y media (1 km de 1750 msnm a 1100 msnm) que nos destruyó la moral, el camino al refugio se hacía eterno. El cansancio y la falta de experiencia ya jugaba en contra. Para concentrarme solo podía encontrar patrones en los sonidos que hacía al caminar. El río de fondo retumbaba como tambores de guerra que me animaban a seguir y no bajar la marcha. Un respiro fue pasar por un bosque de robles que nos dio sombra para poder capear el calor.
Cuando estábamos hechos corneta, con hambre, y cansados, nos tocó la parte más desafiante. Habíamos hecho un poco de equilibrio en roca volcánica que se desprendía al caminar, pero luego de eso venía un río que debíamos cruzar. Si bien era bajo, la corriente era fuerte. Quizás cruzar un río no suena como algo que te pueda afectar tanto, pero se siente distinto con 10 a 15 kilos en la mochila después de caminar todo el día. Aparte, si te llegas a caer y se mojan tus cosas, corres el riesgo de bajar mucho tu temperatura corporal. Bueno, casi nos pasa algo así.
Mientras cruzábamos el río, se nos ocurrió lanzar nuestros zapatos para tener un poco más de motricidad. El Javier tuvo la mala suerte de que el zapato se le enganchó en la mano y en vez de salir hacia adelante, salió hacia arriba. Un tiro glorioso, pero que hizo aterrizar el zapato en la corriente. Como yo ya había cruzado, tuve que ponerme los zapatos con los pies mojados y salir persiguiendo la corriente del río para detener el zapato. Sin zapatos, era imposible seguir caminando o devolverse. No tengo moraleja o aprendizaje para esta historia. A veces uno tiene mala cuea y era. Adiós.

En mis notas hice la pregunta, ¿cuánto vive un lobo?, y la verdad es que no tengo idea porque me preguntaba eso. Encontré esto:
Los lobos alcanzan su madurez sexual tras dos o tres años, cuando muchos de ellos son obligados a dejar sus manadas de nacimiento y buscar parejas y sus propios territorios. Los lobos que alcanzan la madurez generalmente viven de seis a ocho años en estado salvaje, aunque en cautividad pueden vivir dos veces esa edad. Las altas tasas de mortalidad les dan en general una baja expectativa de vida. Los cachorros mueren cuando el alimento escasea; pueden asimismo caer presa de predadores tal como el oso, o, menos frecuente, coyotes, zorros u otros lobos. Las causas más significativas de mortalidad para lobos maduros son la caza, la caza furtiva, accidentes de coche y heridas infligidas por presas. Aunque los lobos adultos pueden ocasionalmente ser matados por otros predadores, los lobos de manadas rivales son generalmente sus enemigos no-humanos más peligrosos. Un estudio acerca de la mortalidad de los lobos indicó que del 14% al 65% de las muertes de lobos se debieron a otros lobos. Los lobos son susceptibles a las mismas enfermedades que afectan a perros domésticos.
Texto tomado de https://reinoanimalia.fandom.com/es/wiki/Lobo_Gris
Día 4 – 11 de febrero, 2018
Refugio Valle del Venado. Último punto de la reserva nacional antes de entrar a terreno privado sin baños o agua potable de fácil acceso. Nuestro primer día de descanso desde que partimos. Los músculos estaban adoloridos, pero no fatigados. Esto indicaba que podíamos seguir sin problemas, sin sufrir … tanto. El día anterior inventamos una nueva posible bebida nacional: arándanos con whisky. También aprendí, y algo que profeso hasta hoy, que viajar ligero es primordial, siempre dándole prioridad a la comida o al acceso a comida.

Poco a poco me doy cuenta de que esta es una forma muy pura de hacer ejercicio y meditar al mismo tiempo. Pasado un punto, devolverse o seguir adelante es exactamente lo mismo. Lo único que te salva es la claridad mental en pos de un objetivo claro: llegar. No importa donde, pero llegar.
Esta claridad que experimenté en ese viaje en particular y en otros viajes similares me ha hecho ver en perspectiva otros aspectos de mi vida, como los estudios, la pega. En ese entonces quería llegar a estudiar para mi tesis (que no terminé por empezar otro magíster en Inglaterra), trabajar con balance de poder en la sala de clases (lo que he hecho, creo, desde que leí de esos conceptos). En mis notas escribía que esperaba que esa claridad se mantuviera en el tiempo, y creo que siempre ha estado conmigo. Ahora me doy cuenta de que no era una visión creada por las drogas y por el contexto, sino que era (y es) una visión que mantengo hasta hoy.
Bueno, día de descanso, día de lavado. Llevar menos ropa implicar lavar ropa no olvidar.
PS: Los arrieros, guías, y guardaparques manejan más información que el internet.
PS2: Mis tareas de ese día 4 eran lavar ropa, ducharse, cargar celular, cargar cámara, cargar luz, ventilar saco de dormir. Creo que eran buenos objetivos, menos lo de ventilar. Eso es mejor hacerlo a final del viaje. La verdad es que tampoco hace daño.
Este día de lavado y lectura entrecortada nos repuso de lo cansados que estábamos. Ya habíamos agarrado el rito para seguir. Una hora caminando basta para encontrar el ritmo personal y mantenerlo. Al menos eso nos había dicho la señora que nos acogió el día 1: sigan la huella, tomen agua, no mueran, después de una hora encuentran el ritmo personal y lo pueden mantener. O algo así. Bueno, ya van dos días. Si no encontramos el ritmo, ya no lo encontramos. Quizás no es necesario. Quizás solo es necesario caminar y no pensar.
Durante gran parte del día estuvimos solos. El sonido de muchas cocinillas en la noche indicó lo contrario. No estábamos tan solos. Poco a poco se llenó de caras nuevas. El día anterior lo habíamos sido nosotros. Ahora nos tocaba a partir temprano. Es llamativo como uno hace un hogar con tan poco, y que luego hay que abandonar. Basta con un par de horas en un lugar para sentirse augusto, pero que sabes que tendrás que marcharte al día siguiente. Me daba (y todavía da) una especie de melancolía.
El frío poco a poco se hace presente, y la falta de luz brilla por su ausencia. Preparamos la comida y los pitoprofenos antes de ir dormir. No tener mucho que hacer ha sido muy gratificante.
PS3: Haber llevado una batería externa fue buena idea. El celular con buen GPS y manejo de batería también. No olvidar segundas capas para el frío. ¿Quizás me faltó cargar el Kindle? No me entiendo la letra.
Día 5 – 12 de febrero, 2018
Una de las cosas que aprendí en este viaje es la importancia de hacer un inventario. Acá, habiendo salido del Refugio Valle del Venadonos dimos cuenta de que la comida estaba un poco apretada. En otras palabras, había un día en el que teníamos que sacrificar comida. Por tiempo, y por recursos, no podían haber 3 comidas al día. A veces 2, a veces 1.
Calor de mierda. Ese día 5 fue uno de los peores días. Tuvimos que caminar con el sol dándonos en la cara. Por lo menos, no nos demoramos tanto a las termas del Blanquillo, que están a los pies del volcán Descabezado Grande.


Aprovechamos el tiempo para pensar en las cosas que nos faltaron y las cosas que solo ocuparon espacio.
| Faltó / Faltaron | Persona |
|---|---|
| Más capas | Javier |
| Cargador solar | Conejo |
| Guantes para la mañana | Conejo |
| Gorro, calcetas chilotas | Javier |
| Mejores sacos de dormir | Todos |
| Soga | Conejo |
| Mapa | Todos |
| Linternas buenas | Todos |
| Gas (si no me equivoco, un mochilero nos regaló lo que le sobró). | Todos |
| Comida (soya, arroz, frutos secos) | Todos |
| Termo | Todos |
| Mochila más liviana | Bruno |
| Sobraron / Mala idea | Persona |
|---|---|
| Mucha ropa interior y poleras | Javier |
| Desodorante de pies | Bruno |
| Pelota de malabares | Conejo |
| Polera de algodón | Conejo |
Día 6 – 13 de febrero
Luego de pasar un día bastante relajado con gente que conocimos en las termas, partimos el viaje. Ahora nos encontrábamos en la cordillera, caminando hacia nuestros próximos destinos. El calendario que hicimos nos llevaba al cerro Manantial Pelado, para luego bajar directamente al Parque Inglés, comer papas fritas y tomar cerveza. Sin embargo, la falta de comida, lo rudo del sendero, y la escasa agua en el camino, hicieron que este día se sintiese como uno de los más duros.
Un sendero alto y estrepitoso nos desmoralizó hasta el punto de tener a uno de nosotros insolado, y el resto exhausto. Este terreno (camino entre las termas del Blanquillo y el cerro Manantial Pelado) es exactamente lo que me imagino cuando la gente dice paisaje lunar. Habían gigantescas montañas de arena, rocas que parecían casas, y un aire cálido que acompañaban el seco camino. Filosa roca negra daba la impresión de un campo de carbón. A rato temíamos que podíamos sufrir por el agua con azufre, pero no pasó nada. Nos advirtieron de ciertas tomas de agua que debíamos evitar a toda costa, ya que contenían altos restos de azufre, lo que nos haría deshidratarnos inmediatamente por la diarrea que provocaría.
El momento más bajo de este día y me atrevo a decir que del viaje entero fue el desayuno. Nos teníamos comida, pero teníamos que caminar. Nos quedaban 6 nueces, un poco de whisky, y algo de marihuana. Desayunamos precisamente eso porque teníamos que guardar la otra comida para más adelante. Entonces, antes de partir, comimos 2 nueces cada uno, un corto de whisky, un par de quemadas, algo de agua, y a caminar. Todo el trayecto fue una mierda. Sin embargo, todo se olvidó rápidamente al ver la laguna Manantial Pelado. Desde el horno que es la carpa, esperamos la merecida comida.

Día 7 y 8 – 14 de febrero, 2018
Últimos días. Partimos temprano para llegar al Colmillo del Diabloen el Bolsón. Pasar un día en los pozones y mirando la formación rocosa que impulsó mi gusto por el senderismo con acampada. Al día siguiente partimos rajados hasta el Parque Inglés. De ahí el bus a Molina. De ahí el bus a Santiago. De ahí de vuelta a disfrutar la pega y a planear los viajes del futuro.

Extra




