







Aún recuerdo esos veranos cuando acampábamos y caminábamos por días. Ahí mismo desarrollé ese gusto por sentirme perdido, ver árboles, sentir el viento, e imaginar como sería estar durmiendo en las montañas y volcanes que se veían a lo lejos. Cuando llegaba de vuelta a casa, seguía con tantas de ganas de seguir mochileando que solo podía saciar mi obsesión viendo documentales. Pasaba las tardes viendo documentales como The Dawn Wall, Free Solo, Meru, Valley Uprising y alguna que otra película con temas similares, como Into the Wildo Walter Mitty. Creo que todas esas obras, mezclado con la gente que conocíamos en la ruta, y algún otro video en YouTube, me empezaron a dar ganas de escalar. Se veía entretenido, interesante, desafiante, y abordable. Con esto último quiero decir que me daba la impresión (y aún lo siento de esta forma) de que cualquier persona puede empezar a practicarlo, o que empezar a practicarlo no es tan difícil.
Entonces, por el 2018, me di cuenta de que había un gimnasio de escalada cerca de mi casa. Lo dejé guardado en el mapa por si algún día iba, con las ganas de inscribirme y ver de qué se trataba. Pero ahí lo dejé, 5 años guardado. En febrero del 2023 me dio por salir a caminar por el barrio y lo encontré de nuevo, de chiripa. Entré y me inscribí sin pensarlo, para probar. Desde ahí que no he parado. No llevo mucho, la verdad, pero me veo sin escalar. Si bien hay varias cosas que aún no puedo lograr, he visto el progreso desde que llegué a la primera clase y no sabía ni saltar la cuerda para calentar. Me dolían los brazos y los dedos después de una hora de intentar quedarme en el muro. Recuerdo ese primer día cuando no podía frenar la bici porque no podía empuñar la mano por lo duro que había sido el entrenamiento. De a poco empecé a mejorar, pero siempre quedaba esa sensación de que podría mejorar la resistencia, o los saltos, o las pinzas, o lo que sea que no está 100% dominado. La verdad, nunca nada estaría 100% dominado.
Ahora, un año y medio después, sigo pensando que falta mucho por mejorar, pero veo lo que no podía hacer antes y que ahora lo siento fácil y creo lo único que hay que hacer es ser constante y no parar de hacer las cosas. Incluso hace poco me inscribí en una competencia de mi gimnasio local (Saiyagym) y no me fue para nada mal (9/32). Fue una instancia para poder entender un poco más mi cuerpo, de lo que soy capaz, de desafiarme.
La competencia (sábado 26/10) partió como a las 10 para el bloque A de novicios y a las 12 para el B, que era donde yo estaba. Llegué casi al inicio para poder sacar fotos y ver como estaba el ambiente. Era primera vez que participa en una competencia y por lo mismo no tenía idea de nada. Era ronda americana, lo que quiere decir que todo el grupo participa de las propuestas al mismo tiempo. Cada intento a cada propuesta da un puntaje. Si la propuesta no se resuelve, se puede intentar de nuevo por menos puntaje por un máximo total de 5 veces. Las propuestas más bajas (e.g. 1 al 10) otorgaban menos puntaje que las más altas (e.g. 37 a 47). Solo teníamos 90 minutos para darle la mayor cantidad de intentos, lo que quiere decir que la estrategia no tiene solo con escalar bien, sino que con guardar la fuerza, saber donde ir, saber no esperar tanto, y no perder tiempo en propuestas que dan poco puntaje. En los últimos 20 minutos esperé mucho rato para poder darle a una cinta roja de la placa, cuando pude haber ido a otro sector. En fin, siempre se aprende algo, aunque el propósito principal no sea aprender.
Mi meta ahora es no parar de hacer las cosas que me gustan, pero jamás olvidar que las hago porque me entretienen. Si alguna vez se sienten como trabajo, es cuando quizás deba darle un descanso.

